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el arbitro feb
Circular escrita por la Federación Española de Baloncesto en el año 97 para los arbitros, pero que es un buen resumen de como debería de ser un buen arbitro de baloncesto.
Federación Española de Baloncesto 97/98.
Nuestro primer deseo al disponernos a realizar cualquier acción es, sin duda, hacerla lo mejor posible. El arbitraje no es una excepción, también queremos pitar con el mayor número de aciertos posible, completando un buen arbitraje y esperando, reconozcámoslo, que sea acreditado así por todo el mundo (jugadores, entrenadores, público, prensa y, por supuesto, por el informador de turno y, por consiguiente, por el Comité Técnico Arbitral y la propia Federación Española).Pero, a veces, la línea que separa el error del acierto, el éxito del fracaso, no es tan clara ni tan definida como quisiéramos. Además, se ha de tener en cuenta que nadie que enjuicie nuestra labor (ni tan siquiera nosotros mismos) será objetivo por completo y, por ello, surgirán inevitablemente discrepancias.
Hasta ahora hemos visto cómo cada cual (árbitro e informador) aplica sus propios criterios, tanto a la hora de arbitrar como a la de informar, y, cuando las opiniones son dispares, nace el enfrentamiento y, lo que es peor, la confusión. Nadie está de acuerdo y todo el mundo reclama una unificación y el dictado de una norma que, independientemente de lo acertada que sea, al menos arroje luz sobre el maremágnum de opiniones, tendencias o escuelas que cohabitan en el arbitraje nacional.
Por eso es necesario definir los parámetros que ayuden a distinguir el buen arbitraje del que no lo es. Definir, por fin, cual es la línea de arbitraje que se ha de seguir para que todos estemos de acuerdo en la bondad ó deficiencia del trabajo realizado y, de paso, infundir en el arbitraje español una característica de homogeneidad de la que, por el momento, carece.
No es nuestra intención descubrir aquí la piedra filosofal, que permita la conversión de árbitros vulgares en grandes figuras del arbitraje, ni tampoco revelar el secreto para ser un informador perfecto.
Nuestra humilde intención es la de recordar una serie de valores y virtudes del arbitraje que se han olvidado y que, con la pretensión de practicar un "arbitraje moderno", lo han convertido en un cúmulo de acciones timoratas, de cambios de criterio y comportamientos tímidos que el CTA no puede admitir.
La preparación física
Es evidente que se ha producido una tendencia, por parte de la F.I.B.A. y seguida por la F.E.B., en el sentido de endurecer cada vez más las pruebas físicas, haciéndolas más exigentes y, en definitiva, buscando una mejor condición física del árbitro. Esto, que para algunos es una moda reciente, constituía ya en 1985 una gran preocupación. Así, en una publicación resumen de las conferencias impartidas en un Stage para Árbitros Internacionales se puede leer los siguientes párrafos:
"La movilidad insuficiente acostumbra a los árbitros a tomar decisiones fundadas sobre la presunción. Frecuentemente somos testigos de casos donde una sanción del árbitro, incluso muy precisa, pero pitada desde una posición muy alejada del lugar de la acción tiene por consecuencia las protestas espontáneas de jugadores y espectadores. Es decir, el árbitro situado muy lejos de la ación no ha podido observar directamente la falta cometida, pero él presupone que, en casos parecidos hay casi siempre una falta y la sanciona. Esta posición alejada disminuye considerablemente el porcentaje de precisión y ejerce una influencia mórbida sobre la reacción de los jugadores, entrenadores y espectadores."
"Muchos estudios científicos han demostrado que la capacidad de concentración baja considerablemente al aparecer los primeros síntomas de fatiga física. Es entonces cuando las omisiones y decisiones erróneas se vuelven más frecuentes. Como consecuencia se produce un arbitraje desigual: preciso y estricto al inicio del encuentro, y pasivo y vacilante hacia el fina, justo en el momento más decisivo, cuando una o dos decisiones consecutivas pueden degenerar el baloncesto en rugby y pueden ser fatales en el desenlace final."
Nuestra conclusión es clara: Los árbitros deben someterse, al igual que los jugadores, a un régimen de entrenamientos regular.
Sobra cualquier otro comentario sobre la importancia de una buena preparación física pero hagamos una consideración final. Si mientras se desarrolla el juego te comportas como un atleta, pasando inadvertido pues te desplazas al mismo ritmo que los jugadores, ¿por qué, cuando lo interrumpes, al pitar, ralentizas tus movimientos haciéndolos menos diligentes y deportivos? Quizá alguien, equivocadamente, pueda aducir que con esos movimientos lentos se calma el ambiente, pues bien, si el ambiente te es hostil, será o bien, porque tu arbitraje no está siendo aceptado, ó porque tus decisiones son frecuentemente erróneas ó por que has tomado decisiones valientes que el público no admite.
Entonces ¡sé inteligente!, dirígete con rapidez a la mesa de auxiliares, no te entregas más de lo necesario en señalar con claridad lo que has penalizado y reanuda el juego. Ahí termina la hostilidad, pues la atención del público vuelve a estar sobre el juego y tu imagen ha seguido siendo la de un deportista.
La mentalidad profesional
Desde la temporada pasada, la FEB organiza una competición profesional. A pesar de esa condición, los árbitros de esta categoría, como los de todas las demás de la FEB, no hacen del arbitraje su única fuente de ingresos; y sin embargo a todos ellos les pedimos que tengan una mentalidad profesional. Un gran maestro del arbitraje, Nar Zanolin, nos puede ayudar a entender este concepto.
"Esta mentalidad consiste en que el árbitro se exija a si mismo, de un modo constante, un esfuerzo fundamentado en la honestidad. De este modo estará en condiciones de exigir algo más importante que el dinero: RESPETO."
Pues bien, ya en 1.990, Jaime Andreu se dirigía a los árbitros de entonces solicitándoles ese esfuerzo y definiendo qué tipo de árbitros demandaba la FEB.
"Queremos árbitros con mentalidad profesional. Y tener mentalidad profesional significa vivir el baloncesto en todo momento y no desconectar de partido a partido. Queremos árbitros valientes y decididos, firmes ante los obstáculos, que saben plantar cara frente a las adversidades y lo suficientemente listos para no crear complicaciones allí donde no las hay, que suele ser en la inmensa mayoría de los partidos."
"Queremos árbitros orgullosos de su condición de tales, ufanos de su trabajo pero conscientes de que ellos no son los protagonistas del espectáculo. Que gustan de la autosatisfacción y que huyen de todo protagonismo innecesario. Que se enorgullecen de ser humildes y pasar desapercibidos. Lo que no significa renunciar a trabajar en buenas condiciones. Pero que saben ceder el primer plano a quienes realmente lo merecen: los jugadores."
Esta demanda de entonces cobra ahora plena vigencia. Antes el partido terminaba al firmar el acta del encuentro; como mucho, un informe explicaba la impresión del arbitraje realizado, y hasta el próximo partido. En la actualidad, gracias a un plan de seguimiento basado en los informes y en los videos (en las categorías donde es posible), podemos analizar nuestro arbitraje, detectar los posibles errores y valorar con justicia la calidad del árbitro y, lo que es más importante, averiguar por qué se han producido los errores, único camino para evitarlos.
Pero, además pedimos que el árbitro con mentalidad profesional trabaje y siga perfeccionándose a sí mismo y a sus compañeros en los respectivos Comités Autonómicos, pues solo colaborando en ellos continuará su progresión, es decir vivirá el arbitraje y el baloncesto en todo momento.
La psicología arbitral
Cuando nos llega la frase: "El arbitraje de baloncesto es un juego de nervios. Para ser un buen árbitro hay que eliminar completamente los nervios en el juego". Y cuando además es pronunciada por Miguel Angel Betancor, nos puede parecer que la aplicación de la sicología al mundo del arbitraje es relativamente reciente.
Nada más lejos de la realidad, ya en 1964 (antes de que muchos de los actuales árbitros nacieran), un chileno Yovanovic estableció los principios básicos sobre la sicología arbitral, y basándose en ellos Mr. Robert Busnel, presidente de la F.I.B.A., explicaba en 1.972: "La misión del árbitro no consiste en juzgar, sino en dirigir. El juicio lleva consigo un castigo; dirigir consiste en orientar. Desde el primer al último minuto, tus facultades deben permanecer inalterables, tu cabeza estará despejada, tu ánimo será constante, tu juicio imparcial, tu paciencia a toda prueba y tu comportamiento impecable".
Como vemos la figura del "árbitro-sicólogo" no es ningún invento moderno, quizás si se habla tanto de ellas en la actualidad sea para disimular en esta faceta comportamientos poco dignos, en los que se toman decisiones de compromiso ante graves problemas, aún a costa de mancillar la imagen del árbitro. En efecto, es muy distinto evitar los problemas evitables(postura inteligente), que el inhibirse ante las situaciones conflictivas que se producen antes, durante y después de un partido (postura cobarde). Y esta si es, una guerra sicológica que los árbitros pierden la mayor parte de las veces.
Cuando parece que ahora se redescubre la importancia de la concentración, recordemos que: "Se ha de estar preparado mentalmente desde antes de que surja el problema, pero nadie debe anticiparse a él". Y para que esto ocurra es imprescindible conocer bien el juego.
Esta preparación mental implica un profundo respeto hacia todos los partícipes del juego (incluido el compañero) pero cuidado, siempre respeto, nunca temor.
Debemos también recordar que el árbitro es la máxima autoridad dentro de terreno de juego, y que esa autoridad debe prevalecer desde el inicio hasta el final del partido. Jamás debe ser cuestionada y cuando deba imponerse con las medidas coercitivas que el reglamento otorga, se hará sin vacilaciones.
Se ha de ser serio y consecuente, sabiendo emplear las escasas armas que el árbitro tiene con inteligencia, pero con firmeza y coherencia.
Autocrítica
Hasta aquí hemos repasado tres factores fundamentales que nos pueden ayudar a conocer cual es la línea de arbitraje que la FEB considera correcta, y como veis no hemos descubierto nada nuevo. Tampoco será nuevo lo que como autocrítica final de la temporada 89/90 nos comunicaba el CTA, y que nosotros mismos podemos extrapolar al momento actual por su plena vigencia:
- Ausencia de un criterio homogéneo.
"Los árbitros evidencian una gran inestabilidad emocional dentro del terreno de juego, que les hace desequilibrar sus decisiones, permitiendo acciones claramente punibles y sancionando verdaderas estupideces".
Las reglas son precisas. A los árbitros se les pide un riesgo en el momento de adoptar decisiones difíciles y se pide honestidad para pitar faltas sobre el jugador sin balón, se pide honestidad para sancionar faltas claras de ataque, honestidad para interpretar correctamente la acción continuada, honestidad para atajar las conductas antideportivas de entrenadores, jugadores y demás componentes de los equipos. No se pide esa valentía para pitar las faltas intrandescentes, menos aún para ignorar los contactos punibles, ni para volver la cara ante los problemas que nos plantean desde los bancos.
- Mala Colaboración.
"Los problemas se producen en partidos donde árbitros timoratos pierden el norte a la primera incidencia, donde no existe la colaboración entre la pareja arbitral".
La imprescindible colaboración del equipo arbitral debe empezar ya desde el prepartido, pero no debemos confundirla con el compadreo. Se comparten vivencias antes del encuentro, pero se habla poco de baloncesto y arbitraje, y demasiado de los importes de las dietas y facturas; poco de las enseñanzas y consejos recibidos en los informes y demasiado sobre la injusticia de las notas y clasificaciones, por no mencionar las escatológicas opiniones vertidas sobre el informador de turno. En definitiva casi nada del inmediato partido que se ha de dirigir y de la evolución de la competición. Y esta ausencia de dialogo suele traducirse luego, en una falta de concentración que provoca decisiones imprecisas que desequilibran el arbitraje y arruinan el partido.
Objetivos temporada 97/98El propósito del CTA durante la próxima temporada es muy claro: En primer lugar hacer que los árbitros FEB sean capaces de corregir los errores detectados, para después potenciar los factores que sustentan la buena línea de arbitraje. Así pues la meta de todos los que de alguna manera estamos embarcados en el arbitraje FEB, ha de ser:
Establecer un criterio acertado, coherente y consistente, durante todos y cada uno de los encuentros.
Conseguir una excelente colaboración antes, durante y después del partido con el compañero.
Alcanzar y conservar un alto nivel de preparación física, a lo largo de toda la competición.
Arraigar la adecuada mentalidad profesional, que convierta a cada uno de ellos en árbitros técnicamente perfectos. Pero a la vez que les haga ser generosos con los compañeros para que esas enseñanzas alcanzadas con su esfuerzo, reviertan en los respectivos Comités Autonómicos. Ser, en definitiva, árbitros dentro y fuera de la cancha.
Lograr una buena preparación sicológica, con una concentración y motivación adecuadas, que muestre en la cancha a un árbitro reflexivo, no a un autómata, que sepa en cada momento cual es su sitio, el porqué de sus acciones y que se adapte a las características de cada partido. Árbitros eficaces que con el menor número posible de intervenciones dirijan los encuentros de acuerdo con el espíritu y el contenido del reglamento.
Con la mayor humildad pero con toda firmeza, estamos convencidos que aquel que sea capaz de seguir esta línea de arbitraje estará, bajo nuestro punto de vista, muy cerca del ideal de árbitro deseado por la F.E.B. y que define como la persona que posee estas virtudes:
El cuerpo de un atleta.
La ética de un cirujano, y
El coraje de un luchador.
Solo queda desear la mejor de las suertes durante la próxima temporada, para alcanzar estos objetivos y mejorar así el nivel de nuestro arbitraje.
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